Madrugada de cristal y silencio roto: el robo que despojó al Colegio San Marcel

Buin. — El reloj marcaba las 00:10 de la madrugada de este jueves 30 de julio cuando la calma habitual de las dependencias del Colegio San Marcel se fracturó violentamente. Un estruendo sordo perforó la noche: el sonido de los vidrios del hall principal saltando en mil pedazos bajo el impacto de la fuerza bruta.

No era un accidente. Eran cuatro delincuentes que, amparados por la oscuridad, irrumpieron en el establecimiento educativo con un objetivo frío y calculado.

Sin prisa pero con una desconcertante impunidad, los sujetos comenzaron a desplazarse por los pasillos. Revisaron metódicamente sala por sala, dejando a su paso el rastro inconfundible del registro desordenado y la vulneración. Sin embargo, el golpe más duro estaba reservado para el corazón tecnológico del colegio: la sala de computación.

De allí, los asaltantes se apoderaron de 31 computadores con sus respectivos cargadores, desmantelando de un plumazo años de esfuerzo comunitario y herramientas esenciales para el aprendizaje. Pero el ensañamiento no se detuvo en la tecnología. En su recorrido vandalizaron y sustrajeron elementos insólitos que demuestran la total falta de escrúpulos: se llevaron los basureros e incluso los insumos de aseo destinados a los niños de primero básico.

Las secuelas del delito

Salas despojadas, escombros de vidrio molido en el hall y un vacío silencioso en la sala de computación. Ese fue el panorama con el que la comunidad educativa despertó este jueves.

Más allá de la pérdida material y los daños infraestructura, el verdadero impacto se siente en las aulas: decenas de estudiantes han quedado hoy sin la posibilidad de realizar sus trabajos pedagógicos y proyectos escolares.

En palabras del Presidente de la Corporación AyG, Víctor Aguilera Gutiérrez con pesar y molestia nos cuenta:

«No se llevaron solo equipos y materiales; se llevaron la tranquilidad de la comunidad y la continuidad del aprendizaje de nuestros niños».

Mientras las autoridades policiales trabajan en la revisión de antecedentes para dar con la identidad y el paradero de los cuatro involucrados, en Buin queda la amargura de ver cómo la delincuencia no respeta ni los espacios dedicados a la educación de los más pequeños.